QUIÉN DIJO TRES PODERES

Escrito por jorgeismaelgarciacorleto 13-03-2012 en General. Comentarios (0)

QUIÉN DIJO TRES PODERES

 

Ismael García C.

 

Debe haber políticos y los hay que están claros del gran compromiso ético que implica su labor como analistas, críticos e impulsores de acciones que tienden a construir patria, sin olvidarse del respeto a la población en general.

 

Pero también hay políticos exclusivos y excluyentes dedicados a tiempo completo a su mala praxis política y a ser diputados o funcionarios mediocres de nuestro país, no están preparados para comprender que hacer lucha política en función social, no es permanecer cómodamente apoltronado de por vida a los curules de la Asamblea Legislativa Salvadoreña o a las diversas oficinas de las diferentes carteras del gobierno.

 

Nadie confía mucho en los diputados salvadoreños tras haber constatado que han sido desenmascarados repetidamente respecto de los abusos que se dan repetidamente en las posiciones de poder, sirvan de ejemplos la gran cuota de recursos y ventajas abusivas que se otorgan, como cambiar flotas de vehículos nacionales a su disposición por modelos ostentosos y onerosos, y contratar personal mucho más allá del que necesitan, llegando hasta 26 por cada uno de ellos, y seguir negándose a evidenciar transparencia en sus actuaciones al frente de sus responsabilidades públicas.

 

Eso de que el Estado está constituido por tres poderes, aquí parece reducirse a una declaración teórica o a recuerdos románticos inspirados en la revolución liberal burguesa del siglo XVIII europeo. Queda demostrado que en El Salvador de hoy, lo que se ha entendido como práctica democrática es que los tres poderes del Estado están sometidos a los intereses del partido en el gobierno, a través y desde el poder ejecutivo.

 

En ese totalitarismo con piel de borrego democrático, la Asamblea legislativa tiene que limitarse a decretar leyes que faciliten la labor del ejecutivo. En esas mismas condiciones antidemocráticas, la Corte Suprema de Justicia, por su parte, tiene que considerar apegado a la constitución y a las leyes secundarias todo lo que provenga del poder ejecutivo.

 

El que en tales adversas condiciones quiera despotricar contra los de otros partidos políticos o despacharse con críticas mordaces contra el partido en el gobierno lo puede hacer desde los curules o desde los espacios públicos del poder ejecutivo. Pero que la Corte Suprema de Justicia emita un veredicto reconociendo las demandas de la sociedad civil, eso sí que rebalsa la paciencia hasta del político más sosegado. Habrase visto tanto atrevimiento. ¡A esos magistrados perversos o los cambiamos a como dé lugar o nos unimos como caprichosos y oportunistas niños malcriados para burlarnos de ellos!

 

Los políticos de carrera en vez de buscarse otro empleo digno y que tal vez podrían desempeñar mejor o en relaciones cualitativamente mejores con la comunidad, se mantienen enquistados en la cosa pública para velar inconfesablemente por sus intereses personales, suponiéndose garantes de un futuro mejor que nunca llega y con ellos mucho menos, y a costa de la opinión de las bases del interés público y del presupuesto público.

 

Para mantener sus privilegios, estos políticos, recurren al clientelismo, es decir,  a ofrecer dádivas o empleos de poca exigencia y buen salario a personas que les han seguido o les seguirán en sus campañas proselitistas o en su anquilosamiento dentro de las instituciones públicas, permitiéndoles a ellos, a su vez, mantenerse cómodamente apoltronados en sus habitáculos y posesiones feudales.

 

De hecho hay ocasiones en que candidatos que resultaron perdedores en procesos electorales, son contratados con salarios elevados en calidad de asesores en la misma asamblea legislativa, mientras les llega un nuevo turno al frente de algún organismo de gobierno que esté a la altura de sus intereses y expectativas de desarrollo no profesional político.

 

Lógicamente los partidos políticos recurren a ese tipo de medidas para resguardar a aquellos de entre sus integrantes que les inspiran más confianza política. Pero una cosa es la confianza política al interior de las elevadas cúpulas de los partidos y otra que la ciudadanía le siga teniendo ese tipo de confianza a su dirigencia, especialmente cuando tales procedimientos le niegan el acceso a esos niveles de participación política, a militantes más recientes o menos comprometidos con el clientelismo, que tienen un elevado compromiso de trabajo en comunidades particulares, a las cuales los confianzudos generalmente nunca llegan.

 

El caso es que una vez más las comunidades se quedan burladas a la hora de apoyar campañas políticas y adosar su respaldo a los partidos políticos por medio del sufragio, pues los votos que emite no serán contabilizados para premiar a quienes le merecen confianza y respeto, sino a aquellos que los partidos ponen en los primeros planos como cuadros, figuras de confianza e imagen mediática.

 

No se gana un respaldo real cuando se pide apoyo por banderas y no por personas, como si los más publicitados personajes de la política, que enarbolan la bandera de manera abstracta, por puro simbolismo, gozaran de la misma significatividad social que los líderes que surgen de las bases y que son llamados a enarbolar banderitas cuando se trata de llenar autobuses para realizar concentraciones masivas. Qué se puede esperar en términos de respaldo para las comunidades de aquellos políticos, especialmente los diputados, que ya ni siquiera residen en los departamentos que dicen representar.

 

Lo referido no sería tan problemático si la gente tuviera una buena memoria histórica. Pero la generalidad de nuestra población olvida fácilmente y ha sido enseñada a poner las dos mejillas y si es posible, a ponerlas otra vez. Será muy triste ver candidatos que ya tuvieron su oportunidad y no hicieron nada bueno por la población o hicieron precisamente lo contrario, dejando las arcas públicas en circunstancias muy precarias, con déficit y con saldos favorables sólo para sus cuentas personales. Será el colmo que corruptos dignos de estar en la cárcel, pero que han gozado y gozan del respaldo de quienes tienen en sus manos el tinglado político nacional, sean los gobernantes del mañana en un país que en las últimas elecciones expresó su esperanza y votó por el cambio.

 

Santa Ana, 11 de marzo de 2011.


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Jorge Ismael García Corleto es escritor, dirige el Grupo de Actuación Teatral de Occidente (GATO), licenciado en Psicología, y en Educación y Master en Educación Superior, es docente en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.