¿QUÉ LE ESPERA A LA NIÑEZ Y A LA ADOLESCENCIA EN UN SISTEMA MILITARIZADO Y CARCELARIO

Escrito por jorgeismaelgarciacorleto 13-03-2012 en General. Comentarios (0)

¿QUÉ LE ESPERA A LA NIÑEZ Y A LA ADOLESCENCIA

EN UN SISTEMA MILITARIZADO Y CARCELARIO?

 

Ismael García C.

Los recientes eventos penitenciarios, de centenares de muertos en Honduras y decenas de muertos en México, como ha ocurrido antes en El Salvador y en otros países de América Latina, ponen de manifiesto los problemas endémicos en el sistema carcelario: sobrepoblación, carencia de buenas condiciones sanitarias y sistemas legales inadecuados.

En El Salvador estamos volviendo a la militarización del país como respuesta a los catorce asesinados diarios. Al interior de los penales se amotinan los reos y hay luchas sangrientas entre grupos al margen de la ley.

Por lo general, el conflicto social es criminalizado en toda América Latina, con el agravante de que se ha resuelto tratar los problemas utilizando la cárcel como remedio. Sin embargo, la historia de la cárcel es más cruel y humillante que la propia historia o naturaleza de los delitos.

La privación de libertad sustituyó otras sanciones más crueles, como lesiones corporales, trabajos forzosos, la muerte, etc. En el Siglo XIX con el surgimiento de la escuela positivista además de la sanción al delincuente y su encarcelamiento, se incluyen la prevención y más tarde el de la reeducación del sancionado, pero a partir de la segunda mitad del siglo XX se atestiguó una crisis doctrinal de la pena de privación de libertad. A pesar del endurecimiento de las penas, ocurre una alta tasa de reincidencia y escasa contención de los infractores; no hay una efectiva disminución de la criminalidad ni un sentimiento de mayor seguridad por parte del ciudadano.

Se planteó transformar la cárcel en una institución apta para castigar el delito en forma humanizada, sin destruir a su autor y ayudando a la resocialización del delincuente

El interaccionismo simbólico, ha aportado valiosos datos para demostrar que las penas de prisión no solamente no socializan, sino que deterioran la personalidad. Las prisiones no sólo constituyen un perjuicio para los reclusos, sino, también, para sus familias; especialmente cuando el internamiento representa la pérdida de ingresos económicos del cabeza de familia.

A menudo, quienes delinquen por primera vez, lo hacen por falta de formación, de estudios,  debido a la necesidad extrema, pero al llegar a la cárcel su capacitación solo es posible en la escuela del crimen. Las cárceles no ofrecen ninguna motivación para deje de delinquir.

No apoyan ni controlan bien al sistema penitenciario. No se destinan los recursos para la resocialización. Los centros de reclusión cumplen finalidades deshumanizadoras. Al actuar con insensibilidad y barbarie, las cárceles torturan y endurecen la insensibilidad de los reclusos, quienes son desconocidos por la sociedad.. Los culpables de hechos punibles, pasan de victimarios a víctimas, porque el castigo entraña una mayor forma de crueldad que las faltas. Cuando el delito se persigue olvidando la obligación del Estado de respetar la dignidad de la persona, se deslegitima el castigo y el Estado actúa como un criminal.

Hay quienes proponen diseñar medidas alternativas a las penas de prisión o arresto. Se dice que la pena es retributiva, pues es la consecuencia de la comisión de un delito, que el castigo debe ser proporcional en calidad y cantidad al crimen. Si se rompe la proporción, la justicia se pervierte.

La prisión tiene reglas propias, constituye una atmósfera cerrada que penetra todo el espacio físico del centro penitenciario, con escasos lugares o territorios de evasión personal, donde el individuo no puede establecer su propio espacio, porque también es el espacio de los demás. Se genera una promiscuidad temporal y espacial en la cual el recluso percibe que no tiene vías de escape y sólo puede adaptarse y plantearse distintas formas de evasión, ya sean éstas psicológicas o físicas. Sus compañeros le son impuestos, está privado de su libertad e intimidad y sometido a un sistema jerarquizado muy autoritario, paralelo al de la institución, establecido por los reos.

Tal y como está ahora, el sistema de privación de libertad privación convierte en víctimas a los familiares y a otros seres cercanos de cada uno de los hombres y mujeres privados de su libertad. La prisión puede hacer caer en la miseria a la familia del detenido. La pena privativa de la libertad padece las mismas perniciosas características que las penas capitales. Cuando el jefe de familia cae en prisión, reduce cada día que pasa a la madre a la indigencia, a los hijos al abandono, a la familia entera a la vagancia y a la mendicidad.

Para reducir la problemática a través de políticas de contención asistencial de las familias afectadas, conjuntamente con la aplicación de penas que posean igual contenido de castigo, aunque en una forma menos perjudicial para el entorno del criminalizado en forma directa.

En el caso de menores que han delinquido y a los que se les aplican medidas sustitutivas que no les impiden asistir a instituciones educativas, no siempre los directores, los docentes, los padres de familia o los condiscípulos del menor judicializado están dispuestos a trabajar con él o ella.

En las sociedades donde no se desarrolla un programa de atención a las prisiones las condiciones de vida de los reclusos son depauperantes. Las condiciones en la que conviven los reclusos en diferentes prisiones - tales como el hacinamiento extremo, la falta de control administrativo, corrupción, victimización del delincuente, sin resocialización, acciones delincuenciales externas ordenadas desde los centros penales-, hacen decir que el sistema colapsó.

En cárceles de los Estados Unidos de América muchos de los reclusos son objeto de vejaciones, al grado de que se habla de esclavitud en el sistema penitenciario y que el Estado es incapaz de mantener las prisiones y se ha gestado una industria privada ante la desatención del sistema Estatal.

El estado cubano está a la vanguardia del sistema carcelario, pues han desarrollado importantes esfuerzos por mejorar las prisiones y las condiciones de vida de los reclusos y muestra de ello es la Tarea confianza, que procura convertir las escuelas en unidades productivas y en escuelas

Se deben mejorar las oportunidades de trabajo y los salarios, mejorar el sistema educativo, disminuir la mora judicial, trabajar mejor en los planes de rehabilitación, y debe evitarse que el sistema penitenciario sea otra plataforma de la criminalidad.   

Santa Ana, El Salvador, 27 de febrero de 2012.