JORGE ISMAEL GARCÍA CORLETO Y SU OBRA

maestro

UN DÍA MÁS DEL MAESTRO

Escrito por jorgeismaelgarciacorleto 13-03-2012 en General. Comentarios (0)

UN DÍA MÁS DEL MAESTRO

 

Ismael García C.

 

Las gremiales del magisterio salvadoreño hacen esfuerzos sectorizados como asociaciones y sindicatos, impulsando sus reivindicaciones laborales con independencia y valentía, pero generalmente actúan separadas, como en una mala competencia. Pero con demandas dispersas o no, vivir decorosamente con lo que se gana como docente no resulta nada fácil.

 

La función educativa, se centra en facilitar conocimientos a los educandos y en orientarlos en los aspectos formativos, haciendo del magisterio una de las profesiones más valiosas en la sociedad. Se supone que quien se desempeña como docente no lo hace por afán de lucro; en consecuencia, es lógico esperar que su tratamiento social y económico sea coherente con lo que se les confía y exige. Pero eso no significa que al magisterio se le deba menospreciar y remunerar mal.

 

El educador debe apreciar a sus alumnos y brindarles confianza comprensiva y exigente, fomentando la autoestima y el desarrollo integral, debe respetar la dignidad del educando y propiciar su integración a la sociedad, sin permitir prácticas discriminatorias en razón de sexo, raza, procedencia social, religión, política, ingresos, nivel intelectual, etc. El maestro debe orientar a los educandos en el conocimiento crítico de su propia identidad cultural, y fomentar su interés hacia el conocimiento y conservación del Patrimonio de la Humanidad. Debe resaltar los valores socioculturales salvadoreños y dinamizar la vida sociocultural de su entorno.

 

El maestro no puede olvidarse de favorecer la convivencia en los centros educativos, fomentando formas pacíficas de resolver conflictos, evitando la violencia física o psíquica, las confrontaciones y los prejuicios. Debe orientar a los padres, para que puedan apoyar mejor la educación de sus hijos, en una relación de confianza que garantice el éxito educativo.

 

El maestro debe contribuir a una práctica solidaria de la profesión, y asumir las responsabilidades y competencias propias de la misma, interesándose en su desarrollo profesional permanente y en la investigación educativa, procurando su autoformación y actualización en las técnicas educativas, en la actualización científica y en las técnicas profesionales, con una actitud crítica y reflexiva hacia su desempeño profesional.

 

Se espera que el maestro cree un clima de confianza que potencie un buen trabajo en equipo, respetando el ejercicio profesional de los demás educadores, sin interferir ni hacer comentarios peyorativos sobre estos; no debe prestarse a deteriorar aún más la imagen del magisterio nacional.

 

Pero el maestro también debe defender y hacer respetar los derechos sociales y económicos inherentes a la profesión educativa, a la dignificación social de la profesión docente. El maestro debe impulsar la democracia, aunque generalmente sale desencantado cuando participa activamente en las consultas sobre política educativa, organización escolar, y otros aspectos que promueven las administraciones, sobre todo cuando se trata el tema salarial.

 

El educador no debe adoctrinar ideológicamente, debe evitar abusar de la libertad de cátedra, pero tampoco debe permitir que se la quiten bajo ningún pretexto, incluso el de la convivencia social.

 

Tras dos años del gobierno de Mauricio Funes, y las reivindicaciones salariales pospuestas, el maestro debe apoyar un plan social educativo que en la práctica se está dando con más retrasos que éxitos, que exige inclusión social para el alumno en la escuela, lo cual está muy bien. Sin embrago, la inclusión educativa no se da, cuando la familia salvadoreña no tiene las oportunidades suficientes para que sus hijos puedan permanecer y avanzar en las escuelas, en igualdad de oportunidades ante sus pares más favorecidos.

 

Se llega así un día más del maestro salvadoreño, recordado medianamente en los medios, sin que las oportunidades de desarrollo para este sector menospreciado por quienes conducen a su capricho el país se vuelvan tangibles, pues difícilmente su labor será apreciada por quienes tienen instrucción notoria suficiente para dirigir el país, aunque su formación dentro del sistema educativo nacional sea insuficiente.

 

Santa Ana, 19 de junio de 2011

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Jorge Ismael García Corleto es escritor, director del Grupo de Actuación Teatral de Occidente (GATO), licenciado en Psicología, y en Educación y master en Educación Superior; trabaja en la docencia en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.

RAFAEL MENJIVAR OCHOA, UN MAESTRO ESCRITOR

Escrito por jorgeismaelgarciacorleto 13-03-2012 en General. Comentarios (0)

RAFAEL MENJIVAR OCHOA, UN MAESTRO ESCRITOR

 

Ismael García C.

 

A finales del año pasado lamentábamos la muerte de Orlando Amilcar Flor, uno de los más importantes maestros  y directores de teatro con los cuales contaba nuestro país y que contribuyó a la formación de muchos de los teatreros que actualmente siguen activos en nuestro país.

 

En esta ocasión lamentamos el deceso de Rafael Menjívar Ochoa, un maestro escritor, quien nació en San salvador el 17 de agosto de 1959 y murió el 27 de abril de 2011, a los 51 años, a causa de cáncer en el colon. Rafael era hijo del economista santaneco Rafael Menjívar Larín, quien era rector de la Universidad de El Salvador cuando el ejército la ocupó en 1972. La familia se radicó en Costa Rica en enero de 1973. En 1976 se instalaron en México, donde Menjívar Ochoa vivió 23 años. Estudió música, teatro y letras inglesas, se dedicó a la pintura, al periodismo y se consagró en la literatura, escribiendo poesía, novela. Pertenece a la llamada "Generación del Cinismo" o "Generación del Desencanto", junto a Jacinta Escudos, Horacio Castellanos Moya y Miguel Huezo Mixco, entre otros, que comenzaron su producción literaria durante la guerra. 

 

En 1984 obtuvo el Premio Latinoamericano de Narrativa de la Editorial Universitaria Centroamericana (Educa) con la novela Historia del traidor de Nunca Jamás.


En 1986 la editorial mejicana Claves Latinoamericanas, publicó Algunas de las muertes (poemario). 


En 1990 ganó el premio latinoamericano de novela Ramón del Valle Inclán, del Instituto de Cooperación Iberoamericana y Educa, por la novela de tipo policial: Los años marchitos.  


En 1996 publicó Terceras personas.


En 1998, la DPI de El Salvador publicó la novela Los héroes tienen sueño.


De 1985 a 1999 escribió guiones para historieta y televisión, y otros. 

 

Su más reciente libro es “Un cielo que cae y cae”, de la Colección Revuelta.

 

En 1999 Rafael se instala en El Salvador, donde en 2001 se convirtió en Coordinador de Letras (director de literatura) y fundó La Casa del Escritor, para la formación de escritores jóvenes).

 

A pesar de no estar al frente de la Casa del Escritor, desde el año 2010, Menjívar Ochoa siguió escribiendo y enseñando y atendía alumnos en su casa. El legado de Rafael Menjívar Ochoa es muy importante. Muchos escritores que siguieron sus consejos han ganado premios literarios.  El mejor tributo que se le puede ofrecer es continuar su ejemplo de producir y enseñar el oficio de escritor.

 

Santa Ana, 30 de marzo de 2011.


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Jorge Ismael García Corleto es escritor, dirige el Grupo de Actuación Teatral de Occidente (GATO), es licenciado en Psicología, y en Educación y Master en Educación Superior, es docente en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.