JORGE ISMAEL GARCÍA CORLETO Y SU OBRA

LA PERSONA AUTENTICA

LA PERSONA AUTENTICA

 

Ismael García C.

 

La autenticidad se refiere a lo genuino o verdadero, a ser lo que se dice ser, a ser uno mismo en cada situación y no una falsa apariencia. La persona autentica obra y se desarrolla conforme al propio ser y a la dignidad que le corresponde, en cuanto que es un ser racional. El ser humano es portador de valores y de respetabilidad, de derechos y de deberes inherentes a la especie. Las personas se presentan y se interrelacionan socialmente cumpliendo exigencias protocolarias, de moral, de ética, de etiqueta y de derecho.

Por el hecho de existir y de poseer unas características y cualidades propias, todos somos originales, pero también debemos ser íntegros, es decir, con una dignidad auténtica. La persona auténtica expresa sus sentimientos, tendencias, voliciones y pensamientos directamente y de conformidad con su identidad íntima y esencial, en congruencia consigo mismo, con los valores socialmente aceptados y compartidos. La persona auténtica se reconoce a si misma y actúa conforme a este reconocimiento, tomando en cuenta sus cualidades, valores y defectos que forman parte de su manera habitual de ser.

La autenticidad le da a la persona la dirección de si misma, autocontrol, iniciativa para proponerse y alcanzar metas altas, carácter estable y sinceridad, lo que le hace ser coherente. La autenticidad le da confianza a la persona que cumple con sus deberes en el estudio, la familia y el trabajo, procurando perfeccionar el ejercicio de sus labores, superando la apatía y la superficialidad, sin quejas ni lamentos.

La autenticidad es un valor que debe cultivarse, para ser personas dignas de confianza y honorables, que ponen sus cualidades y aptitudes al servicio de los demás, con miras e intereses que van más allá de lo individual.

Las actitudes de sinceridad vital, de comportamiento congruente, de autoevaluación profunda, de identificación plena con la vocación, son normales y necesarias para el cultivo de actitudes y posturas de vida auténtica, evitando traicionarse a si mismo. Las experiencias, el conocimiento y la lucha por mejorar abonan a conformar la personalidad.

Hay quienes se interesan tanto en establecer sus abolengos, reales o falsos e innecesarios, a través de sus ascendientes o antepasados, que llegan a contratar especialistas y supuestos especialistas, para que elaboraren su árbol genealógico, rastreando hasta siglos atrás, con la esperanza de tener un linaje de gran prestigio. Otros dan buenos regalos a quienes viven en la abundancia y, en cambio, regalan cosas de mala calidad o de muy bajo precio a las personas que son consideradas de condición social más baja.

Muchos llegan al grado de ver con menosprecio a sus progenitores y a la familia que los ha alimentado y los sigue alimentando y sosteniendo en diferentes necesidades, incluso no visitan a sus parientes pobres y desatienden a los suyos sin corresponderles, en alguna medida, cuando tienen la oportunidad; al contrario, prefieren tratar muy bien a personas de mayor estatus.

Los seres humanos tendemos a aspirar a tener carreras y trabajos significativos, buscamos relaciones que trasciendan los viejos roles y que sean emocional y espiritualmente satisfactorias. El yo busca afirmarse y exhibirse ante los demás, por lo que toda persona sueña con llegar a ser importante, pero algunos solo tratan de llamar la atención exagerando su arreglo personal, su manera de hablar o de gesticular, acudiendo a lugares de moda, llegando tarde a las reuniones, siendo exageradamente serviciales o severos, invitando a sus amigos como quien compra compañía y amistades, haciendo cosas y utilizando ciertos productos para darse prestancia.

El deseo de superación es necesario, pero algunas personas aparentan una mejor posición económica, comportándose o vistiéndose según el círculo social al que quieren pertenecer, y copiando el estilo de hablar elocuente o llamativo que utiliza otra persona, o la tendencia a expresarse mostrando gran erudición o como personaje influyente, o se dan imagen por la ostentación de objetos lujosos que no puede costear, como joyas, equipos y automóviles.

Ante esto, hay que estar muy alertas para no atentar contra nuestra autenticidad. La tendencia a adoptar un papel falso puede ser gratificante, pero a la larga se paga caro en términos de realización personal, pues queda el sentimiento de fracaso y de vacío.

La falsedad se debe a la falta de aceptación de sí mismo. En ocasiones la auto-aceptación se hace más difícil para quien lamenta lo que no tiene y hacerlo así es perder el tiempo. La persona no debe actuar negativamente porque la generalidad de la población vive alienada. Una persona congruente reacciona, opina y actúa de acuerdo a sus convicciones y a su formación.

El buen conversador se da tiempo para leer, para informarse, para aprender. La persona auténtica aprende lo necesario para realizar sus labores de manera eficiente, inteligente, disciplinada y ordenada, pone empeño y esfuerzo en lograr ser quien es.

Para ser auténticos no hay que andar copiando partes de un modelo, como si quisiéramos adoptar o adueñarnos de una personalidad ajena, tampoco hay que pasarse la vida esperando la oportunidad para darse a conocer.

Reflexionar sobre lo que queremos ser debe ir acompañado de objetivos y metas alcanzables. Todos tenemos un “sentido del ser” basado en identificarnos con nuestra personalidad particular. Nuestro sentido del ser auténtico es “quien pensamos que somos”. Conviene identificar las aspiraciones profundas de nuestro ser auténtico, identificar quién se es.

Es deseable hacer algo para agradar o no defraudar a una persona a quien se estima, pero no debe actuarse solo como otros quieren, ignorando la propia vocación para adoptar valores, actitudes y comportamientos impuestos, representando un papel.

Se trabaja para hacer bien una labor necesaria para la sociedad, no por temor a los suyos o a no contar con apoyos.

Hay quienes se esfuerzan solo para no ser menos que el otro, motivados por un sentimiento de envidia o por lo vanidad de hacer lo que hacen bien y ganarse la admiración de otros.

Abunda la falsificación y se han refinado las técnicas de manipulación social, las soluciones erróneas y los engaños. Hay tantas voces falsas, que parecen verdaderas. Los modelos impuestos a través de los grandes medios de comunicación cada vez son más estrafalarios, responden a otros contextos, a formas superficiales de entender el mundo. 

La persona auténtica coopera, comprende y tolera a los demás, guarda fidelidad a quienes le confían una responsabilidad, y cumple responsablemente las obligaciones adquiridas en la familia o en el trabajo, cumple las leyes, normas y costumbres de nuestra sociedad, haciendo a un lado simpatías e intereses propios, lo que le lleva a juzgar y obrar justamente, sabe que ser congruente no siempre le granjeará lisonjas, pero no teme ser auténtico.

Para ser auténticos hay que decir la verdad, ser el mismo siempre, luchar contra la vanidad que lleva a fanfarronear para exaltar nuestras cualidades o cubrir nuestras flaquezas.

La persona auténtica busca nuevos modos de crear comunidad y de asumir el liderazgo.

Las relaciones interpersonales están regidas en gran parte por el convencionalismo, por lo vual conviene un método de formación, basado en la interiorización de patrones de comportamientos, basados en la convicción, en un entorno social en el que se promueve el cumplimiento sincero de nuestros deberes para con la sociedad, a través del modelaje.

Mientras no se hagan esfuerzos reales, para educarnos en el valor de la autenticidad, seguirán abundando los falsos profetas y líderes, y no abonaremos a la construcción de un orden social más humano e inclusivo. La educación en la autenticidad es un compromiso muy serio.

 

Santa Ana, El Salvador, 18 de enero de 2013.

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Jorge Ismael García Corleto es escritor, director del Grupo de Actuación Teatral de Occidente (GATO), es psicólogo, y educador; trabaja en la docencia en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.

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